Te recuerdo hermoso la noche que decidiste alejarte. Mis ojos no dejaron de verte por horas; tumbado en mi cama envuelto entre las sabanas, y yo a tu lado, tocando tu piel.
Todo era perfecto, el silencio, tu aliento, tu calor, tu perfume. No quería que terminara. No ahora.
Una mezcla uniforme de palabras entrecortadas, intercambio solemne de caricias. Tus dedos en mi nuca, mis labios en tu sexo, recorriendo lo mas recóndito de tu ser, y el vaho de nuestros cuerpos impregnado en la habitación.
Te abracé tan fuerte. El momento había llegado. Besaste mis ojos, limpiaste mis lágrimas...te llevaste mi alma. Me quedó tu recuerdo.


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